martes, 16 de octubre de 2012

Cultura y educación en los Tlaxcaltecas


Educación




Los padres tenían a su cargo la educación de los hijos pequeños, a los que llevaban a las labores del campo. Les enseñaban a emplear utensilios domésticos y a efectuar sencillas tareas caseras. Si eran menores de ocho años y cometían alguna falta sólo los aconsejaban y amonestaban, pero después de esa edad eran corregidos con varios castigos corporales.

Cuando cumplían 13 o 14 años, los varones debían trabajar por su cuenta y las niñas laborar en la cocina, hilar y tejer, hasta que se casaban, entre los 16 y los 18 años.

La educación empezaba después de los 15 años en dos escuelas: el telpochcalli, destinado a los plebeyos, quienes recibían entrenamiento militar, y donde aprendían artes y oficios, y el calmécac, que era la escuela para los nobles, a quienes se entrenaba militarmente y se educaba para ocupar altos puestos en el estado o para ejercer el sacerdocio. Los que escogían esto último permanecían en el calmécac toda su vida. Los maestros se encargaban de explicar las pinturas de los códices y hacían que los estudiantes aprendieran de memoria himnos, poemas, discursos y relatos tradicionales.

Los alumnos del calmécac servían en el templo desde que ingresaban en él; por su parte, los del telpochcalli debían ayudar en las labores del campo, en la construcción de casas y participar en la guerra como escuderos. Los jóvenes permanecían en la escuela hasta que se casaban, cosa que ocurría entre los 20 y 22 años.

También había escuelas para preparar a las jóvenes como sacerdotisas; allí aprendían a tejer, a trabajar la pluma y a servir al culto del templo. Pero, la mujer estaba en situación de inferioridad con respecto al hombre. Desde niño, el tlaxcalteca debía someterse las leyes establecidas, si cometía algún delito como robar o asesinar, era severamente castigado por tribunales especiales o por el propio pueblo.
 Bases científicas

Los tlaxcaltecas tenían conocimientos de matemáticas, medicina, astronomía y ciencias naturales, entre otras disciplinas, los cuales aplicaron en la solución de problemas económicos y sociales.

Se contaba con dos calendarios: uno ritual y otro solar. El ritual o religioso tenía 260 días divididos en 20 meses de 13 días cada uno. El solar o civil tenía 18 meses de 20 días, más cinco días que se consideraban nefastos o malos llamados nemonteni. Cincuenta y dos años integraban un siglo. Para elaborar su calendario, se basaron en cálculos matemáticos y en observaciones astronómicas que regían, en buena medida, los destinos de la población. Observaban los astros y otros fenómenos naturales como los eclipses.

En cuanto a sus conocimientos de medicina, curaban fundamentalmente por medio de plantas, hierbas, raíces, hojas y cortezas de árboles, con las que elaboraban bebidas, polvos, gotas, pomadas y emplastos medicinales. Llegaron o curar con más eficacia que los europeos de la misma época diversas enfermedades, así como quemaduras, heridas, hemorragias y picaduras de animales ponzoñosos.

Mercados y caminos de los Tlaxcaltecas

Mercados y Caminos


Desde la época prehispánica eran famosos los mercados o tianguis de Tlaxcala, que continuaron funcionando durante la Colonia. El más notable era el de Ocotelulco.
Después de la fundación de lo ciudad de Tlaxcala se estableció en ella un mercado o tianguis el día sábado. Estaba prohibida la venta al público fuera de los mercados donde, tanto indios como españoles, compraban y vendían gallinas, borregos, puercos, conejos, vegetales, objetos de oro y plato. La moneda común llegó a ser el real, pero se seguía practicando el trueque de mercancías. En muchas ocasiones el cabildo indígena fijó los precios y uniformó pesas y medidas. Igualmente, el corregidor o el alcalde mayor español determinaba las listas de precios tope y la manera como debía procederse en el mercado.
Los caminos propiamente dichos aparecieron en Tlaxcala en el siglo XVI, pero los transitables sólo existían cerca de las ciudades principales.
Antes de la fundación de la ciudad de Puebla en 1531, el importante camino de México a Veracruz pasaba por la ruta Tlaxcala-Calpulalpan-Texcoco. Pero se convirtió en un camino secundario en 1537, cuando se construyó el que comunicaba la capital con Puebla y Veracruz, sin pasar por la ciudad de Tlaxcala.
Existía un camino real, que conectaba a Tlaxcala con Ixtacuixtla, un camino de arrieros que llegaba a Puebla por Tecoac y Atlangatepec, un ramal unía a Tecoac con Huamantla y, de Tlaxcala al norte, un camino que pasaba por Atlihuetzía. En 1537 se abrió un camino de Tlaxcala a Puebla.
Con el tiempo se hicieron muchos puentes, como el que cruzaba el río Zahuapan por Tizatlán, y los 33 puentes de piedra que construyó el corregidor Verdugo a mediados del siglo XVI. A finales de ese siglo, los caminos de Tlaxcala se habían multiplicado, impulsando el desarrollo del comercio. Y en 1808 se terminó un buen camino carretero a Veracruz. Además, a lo largo de los caminos había hosterías o ventas.

Aspecto social de la poblacion Tlaxcalteca

Aspecto social de la población
Por privilegios emanados de la Corona, a principios del régimen colonial, la sociedad indígena tlaxcalteca mantuvo fuera de la provincia a los españoles y conservó sus distinciones sociales prehispánicas: los macehuales siguieron desempeñando las tareas agrícolas y los distintos servicios, la nobleza era la beneficiaria del trabajo de los macehuales; los cuatro señores continuaron gobernando como caciques y sus extensas propiedades trabajadas por vasallos indígenas. Muchos principales usaban el “don” antes de sus nombres, poseían caballos y asnos y el derecho de montarlos, tenían permiso de usar ropa española y los frailes los bautizaban, los casaban, evangelizaban y hasta los instruían en las leyes y política de la sociedad novohispana. Estos principales vivían de sus rentas y de los tributos que recibían por sus tierras. Además, y si eran miembros del cabildo, percibían un salario extra.
Una gran diferencia de clases separaba la vida de los principales del resto de la población, que estaba bajo su mando y les servía aún como esclava. Sólo en 1537 se dio la libertad a 20 mil esclavos tlaxcaltecas.
Los terrazgueros eran los arrendatarios de las tierras que pertenecían a los nobles. Los pochteca seguían siendo comerciantes.
En 1520 sufrió la provincia la primera gran epidemia de viruela, seguida por otras calamidades a lo largo del siglo. Fue así como disminuyó su población, las cosechas fueron pobres y hubo plagas. La sociedad tlaxcalteca sólo descansaría de tantos males de 1545 a 1575, únicos treinta años de verdadera prosperidad. A partir de 1555, y a pesar de las leyes que lo prohibían, se empezaron a establecer allí los españoles, quienes poco a poco fueron despojando a los indígenas de sus posesiones.
Las injusticias sociales existentes, la escasez de productos agrícolas, que condenaba al hambre a la población indígena, fueron causa del estallido de disturbios. Todo ello provocó que el 14 de junio de 1692, tres mil indígenas se amotinaran en la plaza de Tlaxcala para derrocar al gobierno español: incendiaron las casas reales, destruyeron el archivo y apedrearon a los sacerdotes que pretendían calmarlos.
En el siglo XVII la ciudad de Tlaxcala contaba con 6 mil indios vecinos y más de 500 españoles, dueños de obrajes y haciendas de ganado. Ya en el siglo XVIII los hispanos constituían una buena parte de la población. En esa época la provincia en general estaba en plena decadencia al grado de que en 1761 el gobernador Antonio López de Matosso se mudó a la casa-obraje que fuera de Ignacio de Urízar, debido a que las cosas reales estaban en ruinas y debían repararse. En 1789 los habitantes de Tlaxcala formaron juicio al gobernador español Francisco de Lissa, quien finalmente fue restituido en su puesto.
Lo decadencia de Tlaxcala se debió a que la población se vio menguada por epidemias, heladas, inundaciones del río Zahuapan, terremotos y plagas, causas que provocaron la emigración de mestizos e indígenas en los siglos XVI, XVII, y XVIII. A estas calamidades se suma el acoso de las bandas de asaltantes, entre ellas la de los “Hermanos de la Hoja”, cuyo jefe era apodado “Astucia”.


La cocina de Tlaxcala


La cocina de Tlaxcala

 La cocina de Tlaxcala hay que probarla!: el mixiote de conejo, las tlatlapas, los famosos escamoles, la carne en pulque, el queso de Tlaxco, el chilatole y más.

De la cocina tlaxcalteca, podemos mencionar un buen número de platillos que han conservado sus nombres indígenas expresados en náhuatl o en mexicanismos, tales como: los mixiotes de conejo, elaborados a base de la piel de maguey, con la que se hacen unos bultitos que se rellenan con una mezcla de carne de conejo y chiles, que luego se cuecen al vapor. Son ricas también las tlatlapas a base de frijol tostado y molido, al que se le añade luego jitomate, epazote y chile; o los chilatoles como el verde, un atole salado cocinado con elotes tiernos, chiles serranos y hojas de chayote y de calabaza y masa de maíz. Hay también aquellos platillos en donde se hace presente la cocina de la Conquista que al mezclarse con la indígena, se convierte en lo que hoy podemos llamar la “cocina mexicana”.

Aunque los antiguos tlaxcaltecas ya comían los chinicuiles o gusanos rojos de la raíz del maguey o los gusanos blancos o meocuiles de las pencas, no lo hacían fritos como se suelen tomar ahora, ya que ellos no acostumbraban freír los alimentos. Lo mismo podemos decir de uno de los platillos que en temporada, justo antes de Semana Santa, vuelve locos a muchos amantes de la gastronomía, los escamoles, regios huevos de hormiga, que se cocinan ya sea con mantequilla y epazote o fritos, para comerse con tortilla y guacamole; o de los tlatloyos de cuitlacoche hechos de masa de maíz negro y presentados con un guisado de cuitlacoche frito con epazote, cebolla y chile y espolvoreados con el fresco queso de Tlaxco (a 24 km al norte de Apizaco por la carretera Núm. 119), en donde por cierto fabrican deliciosos quesos tanto de leche de vaca como de cabra. Otra importantísima industria alimenticia de Tlaxcala en San Miguel del Milagro, es el cultivo y la fabricación de dulces de amaranto, llamados “alegrías”, que también tiene sus orígenes en la época prehispánica. Fray Bernardino de Sahagún la menciona al describir los comestibles que estaban en venta en el mercado de Tlaltelolco. Esto y mucho, pero mucho más, encuentra en Tlaxcala: pulque, moles, atoles, tamales, quesadillas, champurrados, buñuelos....




Por cierto, si anda por allá, dé una vuelta por Cacaxtla, al sur del estado, y ahí, en la entrada del sitio arqueológico, encuentra a doña Pilar, una encantadora mujer que hace las mejores quesadillas, las hay de queso de hebra con flor de calabaza fresca, chorizo, guisado. En la capital no se pierda una regia sopa de frijol en los portales. Y si pasa por Huamantla es imperativo comprarse unos muéganos, especie de polvorones que venden en la plaza principal.

Ir a Tlaxcala es en cierta forma hacer un viaje gastronómico que nos lleva a probar sabores nuevos y diferentes. Y para un abreboca, tenemos la receta de carne en pulque para que te animes a probarla:

RECETA DE CARNE EN PULQUE

INGREDIENTES

(Para 8 personas)

• 1,200 gramos de cuete de res
• Sal y pimienta recién molida, al gusto
• 6 cucharadas de aceite de maíz
• 1 cebolla grande rebanada en plumita
• 2 dientes de ajo, pelados y picados
• 1 cucharada de azúcar
• 1 rama de epazote
• 3 chiles anchos lavados, despepitados y cortados en rodajas con unas tijeras
• 3 tazas de buen pulque

PREPARACIÓN

Amarre la carne para que no pierda su forma y salpimiente. Ponga a calentar el aceite en la olla express para dorar la carne muy bien por todos lados, luego retire de la olla y en la misma grasa, acitrone la cebolla y el ajo, añada el azúcar y mezcle todo muy bien; después agregue la carne, la rama de epazote, el pulque, las rodajas de chile y un tanto más de sal y pimienta. Tape la olla y deje cocer hasta que la carne esté suave, aproximadamente una hora.

PRESENTACIÓN

Rebane la carne y sírvala bañada con su salsa. Acompañe con papitas de cambray cocidas y fritas o con arroz blanco.

Principales lugares para visitar en Tlaxcala

TLAXCALA.
Un territorio donde la tradición ha marchado a la par de la modernidad, una historia controvertida que ha incidido fuertemente en el rumbo de nuestro país, una arquitectura monumental que nos muestra en pueblos y ciudades la conjunción de las técnicas europeas con la prodigiosa ejecución de la mano de obra indígena, éstos y muchos otros aspectos configuran lo que es el estado de Tlaxcala.

Orgullosos con la celebración de su Quinto Milenio, los tlaxcaltecas representan uno de los núcleos culturales más homogéneos del país, cuyas raíces pueden admirarse en su arquitectura e iconografía prehispánicas y cuyos frutos contemporáneos lo muestran sus múltiples artesanías y sus pintorescos carnavales y ceremonias religiosas. Otros aspectos de profunda raigambre son, por la vertiente indígena, la producción del pulque, y por la española, la gran afición a la fiesta taurina.

Tlaxcala es un estado de clima templado a frío. El volcán Malintzin es el sitio mayor y más majestuoso; la sierra al norte de Tlaxco; la laguna de Atlanga, el Desierto de Cuapiaxtla y la cascada de Atlihuetzía, son otros lugares de interés geográfico.

No se puede hablar de Tlaxcala sin mencionar, también, la arquitectura de su capital. De igual manera que Ocotlán, con su basílica que representa la expresión máxima del barroco; Huamantla con sus festividades que son prueba palpable de las profundas raíces culturales que aquí se conservan. Sobresale de entre ellas la dedicada a la Virgen de la Caridad, durante el mes de agosto, cuando se tienden sobre las calles los famosos tapetes de aserrín y se realiza, una semana después, la fiesta taurina, con toros de lidia que se sueltan para emoción de los concurrentes; qué decir de Tlaxco, emplazada en la parte montañosa del norte del estado y que muestra un paisaje de bosques, acantilados y arroyos.

En su plaza central sobresale la iglesia de San Agustín, con su portada de cantera rosa; y San Francisco Tepeyanco, un pequeño poblado en el que es posible admirar los vestigios del exconvento de San Francisco y su templo con fachada estilo fortaleza, son algunas de las opciones que están a disposición de los viaJeros.

Vale la pena, en verdad, visitar Tlaxcala; la limpidez de su aire corrobora nuestra invitación.



Durante las fiestas de agosto, la explosión de color y cultura en el Pueblo Mágico Huamantla ponen en alto al estado entero.

Pequeño pero bello, el estado de Tlaxcala se encuentra enclavado en el centro de la República Mexicana, limitado por los estados de Puebla, México e Hidalgo. En pocos días podrás recorrer las maravillas que encierra: encontrarás naturaleza, historia, cultura y una de las cocinas más extravagantes del país.

Esta “tierra del pan del maíz” es también tierra de magueyes y, por lo tanto, de pulque, de volcanes, de zonas arqueológicas y de bellos templos, así como de haciendas criadoras de toros de lidia. El turismo ecológico y de aventura es muy popular en la entidad. Su infraestructura y servicios son excelentes, por lo que no debes dejar de visitar este maravilloso pedazo de la geografía nacional.

Clima: subhúmedo en primavera y verano. Se presentan calores moderados, con temperaturas menores de 30° C

Danza tipica de Tlaxcala



Danza tipica tlaxcalteca.

Ya cayeron, en lluvia, las flores; comience el baile, ¡Oh, amigos!, aquí es el lugar de los atabales: ¿En espera de quién estamos?¿A quién echa de menos nuestro corazón? Poesía prehispánica de Tlaxcala

En los días de fiesta, prácticamente todos los pueblos del estado de Tlaxcala se llenan de música y de color con la representación de sus numerosas danzas tradicionales, muchas de ellas de claro origen prehispánico, como la de “Tónatl”, dios del sol, cuya música se ejecuta con teponaxtle y flautas de carrizo, y que finaliza con una lluvia de flores que lanzan las doncellas; la“Xochipitzahua”, que es una plegaria ceremonial cantada y bailada; “La Culebra”, de los pueblos de Papalotla, Mazatecochco, Acuitlapilco y Tepeyanco; “Los Charros”, en la cual los danzantes portan una elegante capa bordada con chaquira y lentejuela, un sombrero con un gran penacho de plumas, una máscara tallada en madera de colorín y un chirrión en la mano, que al estallar, en medio de gritos y aullidos, semeja la furia del animal.

En la “Danza de las Cintas” varias niñas vestidas con faldas y quexquemes toman con la mano derecha un gran número de listones que penden de un alto mástil, mientras con la otra mano tocan una sonaja, y bailando en dos círculos contrarios tejen y destejen conos de cintas de colores. Se representa en Santa Ana Chiautempan y en Totolac.

Las danzas más alegres se ejecutan en el carnaval. La costumbre se inició en el siglo XVII, cuando el pueblo bailaba en calles y plazas, imitando y ridiculizando las fiestas de los ricos hacendados. Hoy más de sesenta poblaciones festejan el carnaval con gran variedad de danzas, música, atuendos y máscaras. En cuestión de fiestas, no podemos dejar de mencionar a los “huehues” (los viejos), artistas populares que dedican su vida a conservar su bella tradición.

Entre veinte y cuarenta huehues forman una“camada”, que de acuerdo con la región, con sus danzas y con sus atuendos reciben un nombre específico. Mencionaremos sólo las más importantes.En el pueblo de Totolac se forman varias “camadas” de jóvenes; visten pantalón y camisa blanca bordados con grecas; llevan la cabeza cubierta con un gran chal, también blanco, y con un sombrero de petate, a modo de chambergo, con un racimo de grandes plumas de colores. Portan también unas máscaras de lujo finamente talladas y decoradas, de madera de ayacahuite o de cedro y con ojos movibles, semejando rostros europeos. Los acompañan bandas que tocan música ranchera con influencia de polka o de jota. Los danzantes, provistos con castañuelas para acentuar el ritmo, llenan de alegría y belleza las calles y los patios de las casas.Otras danzas y los lugares donde se representan son las siguientes:“Las Cuadrillas”, en San Dionisio Yauhquemecan, Ocotoxco, Zimatepec, Huiloac, Atlihuetzia y Tizatlán; “Los Chivarrudos”, en Zacatelco y Teolocholco; “El rapto de la hija del corregidor por Agustín Lorenzo”, en Nativitas, y “Los Catrines”, en Santa Cruz, Panotla, Amaxac, San Miguel y San Bernardino Contla.

concluciones de la materia gestion intercultural


Conclusiones de la materia  gestión intercultural:


Que interesante materia estoy muy interesado en la gestión intercultural porque a través de ella podemos conocer y ampliar la riqueza de nuestra cultura, reforzar nuestra identidad,  conocer nuestros estereotipos y mejorar la percepciones que tenemos de otras culturas, corregir nuestros prejuicios cada vez que conocemos más de  la cultura, romper con paradigmas y respetarnos por lo que somos y lo que sabemos, reconociéndonos como seres humanos, con virtudes y defectos  únicos e irrepetibles pero finalmente eso somos seres humanos que podemos tener una identidad y que nos pueden unir nuestros lazos culturales, costumbres, tradiciones, de acuerdo a nuestros gustos, deseos,  necesidades, pensamientos, conocimientos y descubrimientos para concluir en un mundo alcanzado por la globalización  que puede mantenernos unidos para ayudarnos mutuamente haciendo a un lado los prejuicios que nos separan alcanzando solo una religión, una economía, una política, evitando las divisiones  y ser solo uno y único mundo en este universo.

Me propongo continuar estudiando y conociendo las diferentes culturas para realizar una gestión intercultural en donde me encuentre  (en la familia, en el trabajo, en mi grupo social, en mi comunidad religiosa, en mi ciudad, en mi estado, en mi país y también con otros países).  

El gestionar la cultura, también te ayuda y facilita a establecer buenas  relaciones diplomáticas, políticas y comerciales. Nuestro país necesita más de gestores culturales que de políticos corruptos. Ayudarían más las intervenciones psicosociales con la gestión intercultural para lograr un desarrollo, estabilidad y bienestar en los países del mundo.